loca
Yo soy mi locura, mi mochila de excursiones es mi locura, mi camiseta favorita (la verde de asillas) es también mi locura pero no lo son los pasos que dejo sobreimpresos en la arena de cualquier playa.
Vivo cada momento deseando que sea el ultimo queriendo dejar de pisar arenas y playas, me pongo muchas veces mi mochila y me visto con mi camiseta favorita y camino por la orilla largo tiempo. Dejando que el mar vaya mojándome hasta los tobillos. Cada paso un pensamiento: ahora me iré, ahora desapareceré, ahora acabo con toda mi historia… A veces los doy sin camiseta, otras sin mochila, la única certeza es que dejo huellas en la arena después de pisarla. No hay más, la arena se hunde cuando yo camino sobre ella y el agua escurre hacia el mar. ¿Qué es lo que soy?
Ella, la locura que habita en mí, que no soy yo siendo yo, quiere irse de aquí, dejar de pisar orillas y de sentir arena. Quiere dejar de oír el mar cuando roza sus pies y de sentir el peso de la mochila de excursiones y aventuras. Quiere desnudarse de la camiseta verde de asillas y sentir la piel dada la vuelta.
Cuando me siento, la locura me lleva mar adentro, como el viento a una bolsa de plástico a hacer remolinos en las esquinas. Me hace cavar huecos en la arena y juega a enterrar partes de mi; a veces una mano, otras la pierna entera, todavía recuerdo una vez que me enterré hasta el cuello. Aún así, la arena es pegajosa cuando se seca. Todavía me la quito cuando tengo tiempo libre.
La arena, que pertenece a la playa y yo que pertenezco a la arena, somos la misma cosa. Las dos somos delirantes y penetrables. Yo quisiera ser arena para conocer otras locuras y así olvidar la mía pero hay cosas que no suceden así, tienen otro porqué. Quisiera no ser yo para no sentir la arena.
Sin embargo, la locura que habita en mi es ante todo graciosa y entrañable, a pesar de todo. Ya me ha hecho llegar a conclusiones cariñosas sobre mi estancia en la vida. Una de ellas es que puedo llegar a quitar el sentido a las pisadas en la arena, otra a que puedo vivir desnuda sin mi camiseta favorita y la mejor conclusión de todas es que la mochila me la puedo quitar cuando quiera. A veces me río de sus cosas pero si que es cierto que ella se ha reído más de mi.
De todo esto es lo más que duele saber es que la locura es la panacea de la realidad porque no hay nada más doloroso que sentir el paso de los días y nada mas cierto que saber que la realidad está llena de entrañables locuras .





